Stéphane de Creisquer: “Me encanta el positivismo de los españoles

Stéphane de Creisquer, consejero delegado de Man Truck & Bus Iberia, es uno de esos ejecutivos que no solo hablan de números, balances y estrategia empresarial, sino también de experiencias personales y aprendizajes vitales. De origen francés, su trayectoria profesional lo ha llevado a distintos países, pero ha sido en España donde ha encontrado una manera diferente de entender la vida, un ritmo más centrado en el presente y en la capacidad de disfrutar del momento. “Me encanta el positivismo de los españoles”, asegura, convencido de que este rasgo cultural ha terminado influyendo en su propio estilo de liderazgo y en su visión como directivo.

Con años de carrera en el sector automovilístico y un conocimiento profundo del mercado del transporte, De Creisquer ha visto cómo la industria se transforma a pasos agigantados: la electrificación de los vehículos pesados, la digitalización de los servicios y la presión por reducir emisiones marcan un camino lleno de retos. Sin embargo, lejos de afrontarlo desde una óptica de preocupación o rigidez, lo hace con un tono sereno y optimista, convencido de que cada desafío es también una oportunidad para innovar. Ese enfoque, confiesa, lo ha aprendido en gran parte de su vida en España, un país que le ha enseñado a equilibrar ambición con disfrute personal.

El ejecutivo subraya que en Francia, su país natal, existe una tendencia mayor a proyectarse en el futuro, a vivir planificando constantemente lo que viene después. En cambio, en España ha descubierto que la gente sabe disfrutar más del presente, ya sea en un almuerzo que se alarga entre conversaciones, en una terraza bajo el sol o en la capacidad de encarar los problemas con un “no pasa nada, ya lo arreglaremos”. Esta mentalidad lo ha inspirado a adoptar un liderazgo más cercano, en el que la presión empresarial no anule el bienestar de los equipos.

Su paso por Man Truck & Bus Iberia le ha permitido también ser testigo de cómo el transporte profesional en España y Portugal se enfrenta a retos únicos: desde la renovación de flotas hasta la necesidad de infraestructuras de carga eléctrica que hagan posible la transición energética. De Creisquer habla de todo ello con un equilibrio entre la exigencia técnica y el optimismo cultural que tanto le ha calado. Cree que el futuro pasa por camiones más sostenibles, conectados y seguros, pero también por una industria que valore a las personas detrás del volante y dentro de las compañías.

Otro aspecto que el directivo señala como diferencial en su experiencia en la Península Ibérica es la importancia de las relaciones personales en los negocios. En su opinión, los españoles no solo cierran acuerdos o desarrollan proyectos, también se esfuerzan por construir confianza, por encontrar afinidad humana en el trato. Esa cercanía, que en otros países puede considerarse secundaria, aquí es vista como parte esencial del éxito. Para un líder extranjero, adaptarse a esa manera de trabajar ha sido tanto un reto como un descubrimiento enriquecedor.

Más allá del ámbito profesional, De Creisquer confiesa que vivir en España le ha permitido cambiar su propia manera de gestionar el tiempo. Aprendió que no todo debe girar en torno al trabajo, que la vida personal y familiar tienen un valor que hay que proteger, y que la felicidad no depende únicamente de los resultados de una empresa. En este sentido, reconoce que el positivismo español le ha ayudado a relativizar los problemas y a encontrar un mayor equilibrio vital.

Su visión se extiende también a cómo entiende el liderazgo: no como un ejercicio de control absoluto, sino como la capacidad de inspirar a otros y de acompañar en la incertidumbre. Para él, liderar en un contexto cambiante —como el que atraviesa el sector del transporte, con la transición energética y digital— requiere no solo visión estratégica, sino también cercanía, empatía y confianza. Elementos que, según dice, ha aprendido a valorar aún más en su contacto con la cultura española.